Hoy es día 1 de Mayo. Hasta Google nos recuerda
que celebramos el “Día del Trabajo”. Y es una buena ocasión para pensar en todo
lo que está pasando.
Hay mucho que mejorar en una sociedad en la que
trabajar ha pasado de ser un derecho básico humano a ser un lujo que solo
pueden disfrutar un 50% de los jóvenes (como sucede en Andalucía y Extremadura).
Personalmente, a mí me abruma en ocasiones el
contemplar como desde hace tiempo en España los ciudadanos hemos quedado
reducidos a un papel de “figurantes” (como dice Alejandro Navas en un artículo
reciente del Diario de Navarra), mientras que son los políticos (y sus
adláteres: no nos podemos olvidar de algunos sindicalistas!) los que ocupan
todo el escenario civil, con sus mezquinas y ruines trifulcas por conseguir que
estén -en todos los nudos gordianos del poder y la influencia- aquellas personas
que sean o “de los nuestros” o sus
amigos, independientemente de su
valía personal.
Pienso que el actual gobierno político de España
tiene miedo de acabar con ese clientelismo político endémico que oprime y ahoga
nuestra vida civil.
Tiene que darse cuenta ya de que no puede hacerse
el sordo a este clamor cada vez más indignado de los que pedimos un pacto de
Estado para redefinir el marco de funcionamiento del trabajo político, sin
ahogar ni ocupar nuestro espacio libre civil.
Es cierto que se precisa una tarea de regeneración social, y que somos
los ciudadanos de a pié, los actuales “figurantes”, los que tenemos que dar un paso al frente y
tomar iniciativas, pero ellos, los
gobernantes, son los que tienen que dar el primer paso, dando ejemplo a todos y
convirtiendo la administración pública y toda la maquinaria estatal en
estructuras de servicio y no en las empresas de empleo de “los nuestros”.
Así, con esta nueva cultura política de servicio
público, probablemente se tenga que reformar el sistema autonómico y
reestructurar los municipios y seguir depurando –en serio- las empresas y
entidades públicas, sin miedo a que se queden en el paro tantos amigos y
conocidos “de los nuestros”, como ya
ha sucedido con tantos del anterior partido del gobierno.
Nos avergonzamos al pensar lo que han hecho los
políticos de este país con los fondos europeos de cohesión: desde los famosos
“palacios de congresos”, pasando por aeropuertos, hasta las subvenciones públicas para instalar
bares de amigos en pueblos de 100 habitantes, consecuencia tantas veces del
sectarismo ideológico y de la irresponsabilidad en el manejo del dinero público…
desgraciadamente, he tenido la ocasión de hablar con numerosos alcaldes en
estos dos últimos años, y era tremendo ver a hombres jóvenes, llenos de buena
voluntad, agobiados por deudas millonarias en municipios de menos de 500
habitantes. De esos barros salen los lodos que explican el discurso de Angela
Merkel cuando dice que ya no vale financiar el bienestar – y a veces, el
capricho- a base de deuda.
Pues, acabando: me invito y os invito a
implicarnos, a dar el paso a la acción. Hay que comprometerse, asumiendo de
antemano el fracaso, los errores y las equivocaciones, porque llegan. Pero si
no nos ensuciamos, si no nos metemos “en harina”, no tendremos la alegría de
conseguir ese futuro mejor que queremos para nuestros hijos!.
1 comentario:
nadie se anima?
Primera propuesta:
conseguir que cualquier persona que quiera trabajar en servicio de los demás desde un cargo político, cobre como salario aquello que declaró como ingresos a Hacienda, el año anterior , en su declaración de la renta.
y si no declaró nunca, por que nunca trabajó, que se le asigne el salario mínimo interprofesional.
Con esa medida tan simple, se evitaría la esclavitud de los políticos comprados: aquellos que muertos de hambre previamente, son capaces de lo que sea, con tal de no perder tal fuente de ingresos.
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