domingo, 27 de diciembre de 2009

De nuevo vuelve a nacer la Luz, la Verdad, la Paz.



Feliz Fiesta de la Navidad!

La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario -material, afectivo, educativo, espiritual- a cada niño que viene a este mundo, debería constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen "en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres", serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar para la misma santificación de los padres. (Familiaris Consortio, 1981)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Sí, hay que cumplir las leyes justas.

Hace ya 2010 años, en un rinconcillo perdido del imperio romano, un hombre y una mujer muy jovenes, se vieron obligados a hacer un viaje muy incómodo y molesto, ya que la mujer estaba a punto de dar a luz a su primer hijo: era una primípara y casi una niña. El que le acompañaba, más o menos igual y posiblemente, sin experiencia en estas cosas de la vida.

Se dirigían desde una aldea galilea, Nazaret, hasta una ciudad cercana a Jerusalén, a Belén. Entonces no contaban con Google Maps para saber el camino más rápido o el más corto: en Google te indican hoy dos rutas, la más corta, de 155 Km, paralela al mar; no obstante tambien recomiendan otra, de unos 166 Km, paralela al cauce del Jordán.
No sé cual le gustaría más al varón, que era al que le tocaba por aquella época decidir en éstos menesteres. Posiblemente pensaría en los conocidos o familiares que tuvieran a lo largo del trayecto: una semana de trayecto, en borrico probablemente.


Y todo este lío, por que los gobernantes de aquella región querían censar a todos los habitantes y no se les ocurrió otra idea mejor que hacer ir a todos los cabeza de familia a la ciudad de donde procedían : José era de Belén y allá que se fue, a cumplir la ley!.

A todos os vendrán a la cabeza montones de reflexiones alrededor de este hecho histórico, de tanta importancia para la humanidad: el Misterio del Nacimiento del Dios, encarnado en una Virgen sencilla, desposada con un hombre justo y en unas circunstancias tan alejadas de nuestra sociedad del bienestar consumista, que nos cuesta trabajo imaginarlas.

Yo hoy me conformo con intentar ponerme cerca de esta querida pareja y traer a mi cabeza lo que serían sus pensamientos y sus sentimientos en ésos momentos y tratar de imitarlos: esperanza, alegría, confianza plena, cariño inmenso...


FELIZ NAVIDAD A TODOS!

La Navidad es la respuesta de Dios al drama de la humanidad en busca de la verdadera paz no una fábula para los niños.
Así lo subrayó Benedicto XVI esta mañana. Por desgracia, hoy en día, ha reconocido el Pontífice con amargura, Belén no representa el logro de la paz estable, sino la difícil búsqueda de una paz esperada. Sin embargo, Dios no se resigna ante la obstinación del hombre y también este año, en Belén, y en el mundo entero, se renueva el misterio de la navidad, profecía de paz para cada hombre”.
Un acontecimiento, ha concluido Benedicto XVI que implica a los cristianos a intervenir en los dramas, a menudo desconocidos y escondidos, y en los conflictos en el contexto en el que viven, con los sentimientos de Jesús, para actuar en todas partes como instrumentos y mensajeros de paz, para llevar amor donde hay odio, perdón donde hay ofensas, alegría donde hay tristeza y verdad donde hay error”.

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Objeccion de conciencia o Desobediencia civil?

Os copio y pego el artículo de la revista del Colegio de Médicos:

Recuerdo con agradecimiento, las lecturas que de adolescente fueron forjando mi modo de pensar y hoy, al empezar éste artículo me ha venido a la cabeza el “Oiga joven, - dijo Jorge Luis Borges- ¿no sabe usted que los caballeros sólo defendemos causas perdidas?”, pues veo a nuestra Profesión como a ése “Caballero”, que va a tener que asumir el encargo de defender las vidas humanas más indefensas: las del no nacido. También recuerdo hoy especialmente los diarios de Victor Klemperer y su visión personalísima de lo que acontecía en los primeros años del Nacionalsocialismo alemán de Hitler: “Un miserable quien no espere cada hora del día que la gente proteste y se indigne!” o “¿De qué sirve el racional “evidentemente” : Si me veo obligado a leer y oir una cosa por todas partes, éso penetra dentro de mí, y si yo apenas puedo resistirme a creer tal cosa ¿Cómo van a resistirse millones de personas más ingenuas?”. Y por completar recuerdos, a Marcel Proust: él describía la situación moral en la que se desenvolvían sus personajes: «Desde hacía tiempo ya no se daban cuenta de lo que podía tener de moral o inmoral la vida que llevaban, porque era la de su ambiente”

Nuestros actuales gobernantes, quieren promulgar unas leyes que no solo se enfrentan a las normas elementales de nuestro Código Deontológico, sino al sentido común de una amplia mayoría de ciudadanos, porque entre otros argumentos, ¿qué padre no ha coaccionado nunca a un hijo o hija adolescente – para que aproveche el tiempo, para que respete horarios, etc- ?. Da la impresión de que estos gobernantes vienen de otra Galaxia en la que la vida humana no es un valor a proteger y defender, ni existe la familia. Quizá en esa galaxia tampoco exista la Medicina como Profesión y probablemente sus objetivos demográficos sean muy simples pues sus habitantes se generen únicamente en laboratorios, según los deseos de sus dirigentes.

Personalmente, creo en la Ley y respeto la autoridad de los gobernantes; creo que es un privilegio vivir en una sociedad democrática, donde las exigencias morales de la ley son más fuertes por el derecho de todos los ciudadanos a participar en el proceso político. Precisamente por ello soy consciente de que también en un régimen democrático, las leyes pueden ser injustas y a veces es necesaria hasta la desobediencia civil frente a leyes que pretenden que se haga lo que es injusto o inmoral: estas leyes carecen del poder vinculante para las conciencias pues no pueden reivindicar ninguna autoridad más allá de la mera voluntad humana del que las hace.

No es la primera vez que suceden hechos semejantes: basta recordar que en pleno siglo XIX, en países tan democráticos como los EEUU, la esclavitud se defendía con leyes pues les parecía que era esencial para el funcionamiento de la economía. En aquellos momentos los “abolicionistas” fueron tachados de “fundamentalistas”, pero al final, la realidad de la dignidad de la persona humana se impuso y la esclavitud fue abolida a finales del siglo XIX. También podemos recordar los horrores sucedidos por las ideologías inhumanas que florecieron tras la 1ª Guerra mundial, en la también demócrata Europa del siglo XX y en los regímenes totalitarios comunistas. En éstas sociedades, se otorgó al aborto y a la eutanasia un reconocimiento legal, igual que a la matanza de los judíos, los gitanos, los disidentes políticos y tantos otros grupos de personas. No es éste el lugar adecuado para tratar de comprender de qué manera, unos ciudadanos normales, fueron capaces de tragar semejantes “ruedas de molino”, sin manifestarse en su contra; no soy socióloga, pero sólo me lo explico pensando en que el miedo y la falta de libertad en esos regímenes totalitarios impidió la rebeldía.

Pues bien, hoy se vuelven a repetir situaciones parecidas. Hoy nos toca a nosotros dar una respuesta para salvaguardar tanto las vidas humanas que están en peligro como nuestra propia Identidad. La conciencia nos impulsa a tomar una postura. Somos médicos: “No cabe mayor suerte, responsabilidad u obligación en el destino del hombre que convertirse en médico. Para atender a los que sufren, el médico debe poseer habilidades técnicas, conocimiento científico y calor humano. Sirviéndose de todo ello con coraje, humildad y sabiduría, el médico puede prestar un servicio único a sus congéneres, a la vez que forja dentro de sí un carácter fuerte” (de los editores de la primera edición del Harrison).
Vamos a prestar éste nuevo servicio a la sociedad, arriesgándonos a ser tachados como los “abolicionistas” de ayer, de “fundamentalistas” y otras lindezas. Podríamos prescindir de los valores que definen a nuestra profesión y dan sentido a nuestro trabajo. Realmente, si prescindimos de nuestras convicciones desaparece ésa fuerza dramática, que hace interesante y valiosa la vida. Lo que da dramaticidad a la existencia no es la elección en sí misma, sino el valor que se elige, y el valor de la vida, de su defensa y protección, siempre merece la pena, por que en este respeto a la vida con su condición de bien jurídico máximo, intangible y protegible es donde siempre se ha cimentado el progreso de nuestra profesión y de toda la humanidad.

Ningún político podrá convencer a un médico de que en algún momento de nuestra vida no fuimos humanos y por ello no sería delito habernos eliminado. Ni convencernos de que la reforma de la ley busca la protección de la vida, cuando lo único que busca es salvar las ilegalidades que hasta ahora están cometiendo. Cuando leemos por ahí a los que dicen que la reforma pretende reducir el aborto, pienso que es como si ahora, puesto que se cometen muchos delitos contra la propiedad privada, el gobierno dijera: pues vamos a abolir el derecho a la propiedad y así ya se reducirán –desaparecerán- los robos.

Para terminar, quiero dejar escrito que, en mi opinión, no me parece una buena decisión el tener un registro de médicos objetores de conciencia para prácticas abortistas o eutanásicas, por ejemplo. No tiene sentido que una profesión que vela por toda vida humana, desde su inicio hasta su final, tenga que hacer un registro con los profesionales que quieren cumplir sus normas deontológicas; lo correcto sería, en todo caso, hacer un registro con los profesionales que, a pesar de nuestro código deontológico, se plegaran a las leyes actuales y estuvieran dispuestos a realizar tales prácticas. Nuestro Colegio tendría que decidir qué postura asume frente a esos profesionales.

Como miembro de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos, no puedo dejar de pensar que la Ética médica puede ser un motor de transformación social: tendremos que buscar el forjar mayorías a favor del bien común de nuestra sociedad y recordar la importancia de mantener la imprescindible “amistad cívica” entre todos, esforzándonos en poner la voluntad de descubrir aquello que nos une, aquello que es lo justo, aunque nos cueste trabajo encontrarlo.

Tiempo de trabajo intenso.

Me pregunta un buen amigo que qué me pasa, puesto que llevo ya muchos días sin escribir aquí: y sí, por una parte, la habitual falta de tiempo: trabajo en un Servicio de Medicina Interna de un Hospital Comarcal, y los que conozcan éste oficio, sabrán que de noviembre a marzo es nuestra "temporada alta": el índice de ocupación de nuestro servicio, que habitualmente está a más del 100%, en ésto días supera el 130 o el 140%. Y los médicos que trabajamos en él, no tenemos "Sustitutos", ni "Refuerzos" ni siquiera esos magníficos Médicos en formación, los MIR, que existen en los grandes hospitales: aquí seguimos siendo los mismos, sólo que en vez de encargarnos de 10 ó 12 pacientes, pasamos a "intentar" atender a los 18 que nos tocan . Se hace lo que se puede, de verdad, aunque a veces no lo parezca.
Además de ésta circunstancia, en los últimos días he estado preparando un artículo para la Revista del Colegio de Médicos de mi provincia.
Se me encargó que comentara el proyecto de Ley de despenalización del aborto y he estado dándole vueltas a qué podría poner que ayudara a mis compañeros en su toma de decisiones. Los que me seguís en este blog, ya sabéis que no sé redactar bien: quien tuviera la pluma de mi compañero de Instituto: Antonio Muñoz Molina!!. Tuvimos los mismos profesores, la misma profesora de lengua y literatura: Dña Dolores Gonzalez Guzmán -desde aquí le rindo un tributo agradecido, por que a ella le debo el haber leído todo lo que he leído y que encendiera en mí el amor a la literatura- . Antonio Muñoz Molina ("El jinete polaco", "Sepharad", "Beltenebros", etc.)aprovechó bien sus enseñanzas, y yo no tanto.
Como os considero amigos, hoy voy a hacer dos entradas: ésta para saludarlos y en la siguiente meteré el ladrillo del artículo, tal como lo he enviado hoy y si alguno tenéis el valor de leerlo, agradeceré vuestras sugerencias.