Ayer, 21 de noviembre, el Papa invitó a muchos artistas a encontrarse con él en un lugar privilegiado para todos aquellos que son capaces de "ver" la belleza: en la Capilla Sixtina.A mí me parece que los invitó para agradecerles su existencia y para pedirles su colaboración para el bien común de la humanidad.
Todos los Papas -al menos los que yo he conocido- han reconocido el valor de los artistas y su misión, como comunicadores de la belleza, del inmutable mensaje de salvación: solo la belleza puede devolver el entusiasmo a la humanidad, en buena medida desesperada. Pero no todos los mortales somo capaces de "verla", aunque todos la intuímos.
Todos, a poco que queramos, vemos atisbos de ésa belleza infinita y eterna que nos rodea: unas veces la sentimos viendo a las personas, otras viendo la naturaleza, otras veces escuchando la verdad de labios de gente buena y sencilla y otras escuchando la música que captan los artistas, pero no siempre la atendemos y "dejamos que nos hiera".
Les ha dicho, haciendo alusión a la obra de Miguel Angel que los rodeaba:
"El Juicio Final que sobresale a mis espaldas, recuerda que la historia de la humanidad es movimiento y ascensión, es incansable tensión hacia la plenitud, hacia la felicidad última, hacia un horizonte que siempre sobrepasa el presente mientras lo atraviesa. En su dramatismo, sin embargo, este fresco coloca frente a nuestros ojos también el peligro de la caída definitiva del hombre, amenaza que incumbe sobre la humanidad cuando se deja seducir por las fuerzas del mal. El fresco lanza por lo tanto un fuerte grito profético contra el mal; contra toda forma de injusticia. Pero para los creyentes, el Cristo resucitado es el Camino, la Verdad y la Vida. Para quien fielmente lo sigue es la puerta que introduce en aquel “cara a cara”, en aquella visión de Dios de la que surge sin limitación alguna la felicidad plena y definitiva. Miguel Ángel ofrece de este modo a nuestra visión, el Alfa y el Omega, el principio y el final de la historia y nos invita a recorrer con alegría, valentía y esperanza el itinerario de la vida. La dramática belleza de la pintura de Miguel Ángel, con sus colores y sus formas, nos hace entonces anuncio de esperanza, invitación potente para elevar la mirada hacia el horizonte último".
"Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de aferrar el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual somos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano"
Hoy me hago el propósito de procurar estar más atenta para descubrir, en cada momento, esos atisbos de LA BELLEZA que constantemente se me presentan en la vida. Me hago el propósito de escuchar su voz y saber sentirme parte de ella, para recuperar la pasión del compromiso cotidiano de mejorar éste mundo en el que me toca vivir y ayudarle a alcanzar su plenitud.

Hace 20 años, acababa de venir al mundo mi primer hijo y en el barullo de alegrías que recuerda mi cabeza, brillan las imágenes y suenan las palabras de los presentadores de los telediarios relatando como desaparecía el Muro de Berlín. Entonces no me paré a profundizar en significados ni en buscar sus causas y sus consecuencias: tenía por delante 8 horas laborales solo en dar el pecho y cambiar pañales, otras tantas en las tareas del hogar y era una primeriza en todo lo que supone llevar adelante una familia.
