domingo, 15 de mayo de 2011

Razones para la alegría.

Ayer estuve con un amigo de la infancia y la adolescencia y disfruté mucho, como cuando, en aquellos primeros años de los 70, leíamos juntos por primera vez las fantásticas aventuras de Astérix y Obélix en un francés que entendíamos bien (a pesar del acento de Motril con el que nos enseñaba el idioma de la Galia nuestra profesora en el Instituto).
Acostumbrados a los tebeos de Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón y al Capitán Trueno, Astérix era algo mucho mejor y, sin duda, nos hacía reir mucho más, cosa que no entendían algunos compañeros de clase (sería por nuestras comunes raíces francesas?).

Me decía que había leído recientemente una obra de Steiner: "Diez posibles razones para la tristeza del pensamiento" , lo que me ha llevado a releer esta obra, pues creo que vale la pena repasarla.
Steiner se refiere en ella, a que el proceso del conocer de la persona humana es siempre triste, melancólico (más o menos igual a lo que decía Bellón en su poesía "Tienes el gesto del ave malherida, en la mirada..."). Efectivamente, el hombre no suele estar alegre con lo que conoce: siempre le parece que conoce poco y mal, y ese conocimiento le lleva a la tristeza.

Dice Steiner que estamos tristes por que:

1º. Nunca sabremos hasta dónde llega el pensamiento en relación con la realidad ("¿quien puede decirnos si buena parte de nuestra racionalidad, de nuestro análisis y de nuestra organizada percepción no se compone de ficciones pueriles?"),

2º. No podemos concentrar nuestro pensamiento: nos distraemos, y más, conforme van pasando los años, cuando vemos como nuestro pensar no deja de ser "una empresa chapucera y de aficionados",

3º. Todo está ya inventado: "nuestros pensamientos son.. un universal humano, una propiedad común", "banales y trillados" o dicho de otra forma "la verdadera originalidad del pensamiento es extremadamente infrecuente",

4º. Duda de que el pensamiento pueda llegar a aprehender la Verdad, "pensar es quedarse corto, llegar a un punto que no tiene nada que ver", pero seguimos esa desinteresada búsqueda de la verdad,

5º. La mayor parte de nuestros pensamientos que saturan nuestra conciencia pasan fugazmente inadvertidos, sin forma y sin utilidad: "se desvanecen si ser percibidos ni registrados, en el cubo de la basura del olvido".

6º. Lo que pensamos suele estar siempre por encima de lo que hacemos y "no podemos expresar con palabras" lo que vemos, lo que sabemos, lo que pensamos... Un vacío ("accidia" Proustiana) sigue siempre a los deseos satisfechos.

7º. La realidad la intuimos como innacesible: algo se interpone entre ella y nuestra capacidad de pensarla "murmura dentro y fuera de nosotros, palabras que no somos capaces de distinguir".

8º. Además, cada persona es incapaz de "comprender" los pensamientos ajenos que se nos presentan como esos "Idiolectos intraducibles" que nos hacen ser "extraños".

9º. Solo una parte de los humanos da pruebas de saber pensar: en el acceso a la verdad, en la posibilidad creadora, no existe la igualdad, la democracia:"la capacidad de tener pensamientos que merezcan la pena de ser pensados, mas aún, de ser expresados y conservados, es relativamente rara".

10º. El pensamiento, tras siglos de vida del ser humano, no está más cerca hoy que ayer de comprender sus objetos primarios.

Pues bien, caro amigo, he repasado hoy contigo el pensamiento de Steiner y sin embargo, mi conclusión va a estar irremediablemente llena de alegría: al conocer y aceptar estas limitaciones de nuestra capacidad intelectiva, intentamos superarnos, descubrir nuevos caminos, desbrozar nuevas sendas por las que llegar a la meta.

Ademas, sé por experiencia, que aunque los que intentamos pensar la realidad, somo pocos y un poco "taradillos", existen otros seres humanos, en menor número incluso, que necesitan pensar menos que nosotros, pues están "tocados" por la gracia divina: son esos seres esencialmente buenos, que pasan por la vida haciendo el bien, -que no pensándolo- y llenando de alegría y esperanza las vidas de los que estamos cerca. Su existencia es razón suficiente para la esperanza ya que a través de sus vidas tenemos el mejor atajo hacia la realidad.


sábado, 7 de mayo de 2011

Nueva versión del Código Deontológico de la Profesión Médica.

Vengo de Granada en donde he asistido a una reunión de las Comisiones Deontológicas de los Colegios de Médicos: se ha presentado la nueva versión de nuestro Código Deontológico, con añadidos necesarios ante las nuevas realidades que rodean el ejercicio de nuestra profesión y las nuevas leyes creadas por los gobernantes.

Como siempre, se han tocado temas de actualidad y de interés para todos los médicos: la sostenibilidad del sistema sanitario actual en España, la relación de los profesionales médicos entre sí, los aspectos éticos de la administración de los recursos sanitarios y la atención médica al final de la vida, han sido, junto con la presentación del Código, los temas estrella de estas jornadas.

Personalmente todos me han parecido muy interesantes y pertinentes y las opiniones de los médicos ponentes, muy acertadas. No tanto las opiniones de los que aún siendo médicos no se dedican al ejercicio de la medicina. Las causas del desplome de nuestra economía y la bondad de las medidas que se han puesto en marcha para su estabilidad, lo dejo para que otros expertos lo analicen. El enjuiciar el nuevo proyecto de ley de atención "adecuada" al final de la vida, no me resulta posible, ya que no hemos tenido acceso al texto del citado proyecto de Ley aprobado hace dos días.

Quizás, a vuela pluma, la idea que me traigo de Granada es que nuestra Profesión precisa de su autoregulación (justo lo contrario de lo que expuso en su charla el Dr. P. Simón Lorda): mal andaría la sociedad si la regulación de la Profesión médica se tuviera que hacer exclusivamente por los poderes de turno políticos y judiciales del estado!.

Celebro que aunque sea por que estamos en años de "vacas flacas", los políticos se hayan dado cuenta de que el aumento del gasto -tanta expansión, tantos hospitalitos y centritos abiertos preelectoralmente, tantas plazas en puestos administrativos para tareas indefinibles e indefendibles, tanto querer dar todo lo que pidan a todos los que lo pidan ...- no conlleva un aumento de salud en la población (sobre todo cuando se hace sin criterios razonables).

No celebro que los que se autoproclamaron únicos traductores de lo justo en el gasto sanitario, decidiendo la administración de los recursos sanitarios sin contar apenas con la profesión médica, carguen ahora toda la responsabilidad de reducir los costes en los profesionales médicos.

Escenario peligroso el que se ve en lontananza con la mayor de las crisis económicas, por lo menos desde que empecé a trabajar en la Medicina, en el que responsablemente deberemos intentar ayudar para que en todo momento las personas que precisan de nuestros servicios sigan estando bien atendidas.