Hacer la semblanza de una persona a la que consideras un maestro no es tarea para hacerla rápidamente, ni en un blog, pero éste es el medio que tengo más a mano! El Profesor de la Universidad de Sevilla, Diego Mir Jordano dictó ayer su última clase magistral, ante sus alumnos de 2º de Medicina. La lección fué sobre su idea de la función de la Universidad y de la enseñanza de los futuros médicos, tomando como excusa unos escritos hechos por él, a los 20 años, cuando terminó de cursar las asignaturas de Fisiología. Esta lectura nos mostró como durante su dilatada vida docente ha sido fiel a su ideal y lo ha llevado a término. Por eso ha sido un excelente Profesor Universitario para todos los que hemos tenido la suerte de ser sus alumnos: nos contagió a todos de un gran amor y respeto por la ciencia y por el trabajo científico bien hecho.
Yo además he tenido la suerte de tenerlo como Maestro, al igual que todos aquellos que pudimos ser sus Doctorandos: no era fácil que te admitiera como tal, pero una vez admitidos, su generosidad hacía que nos dedicara ampliamente su tiempo, como si no tuviese otra cosa que hacer. Ahora estoy leyendo bastante sobre el Cardenal Newman, y en estos días he pensado varias veces en que realmente, si hubiesen coincidido en el tiempo, hubieran sido dos grandes amigos: Diego Mir es la personificación del concepto de "gentelman" de Newman: "aquella persona que nunca causa dolor". Cuando hablaba Newman de su idea del objetivo de la formación universitaria decía "es bueno tener un intelecto cultivado, un gusto delicado, una mente cándida, justa y desapasionada, un comportamiento noble y cortés en toda circunstancia de la vida: estas son las cualidades connaturales de un alto nivel intelectual, estos son los objetivos de una universidad". Pues bien, todo ello se puede aplicar al Profesor Diego Mir: el día de su homenaje nos habló de la justicia; nos decía como había tenido que esforzarse en no seguir su natural inclinación hacia el elitismo, para no centrarse solo en los mejores alumnos, sino dedicarse a todos y cada uno de ellos, procurando con justicia, que todos recibieran el trato adecuado. Ese respeto a cada una de las personas que trata, ya sea un eminente científico americano o la señora de la limpieza del departamento, habla de su justicia, y de su conocimiento de la naturaleza humana: sólo el que conoce la dignidad del hombre es capaz de tratar a todos con esa dignidad. En el acto de homenaje no pude decirle, que aunque soy de los pocos "clínicos" que tuvo la suerte de ser de sus doctorandos, he tratado de aplicar bien esas enseñanzas y procuro tratar a cada uno de mis pacientes con ese respeto que me contagió durante aquellos felices años. Pues ¡muchas felicidades! y a disfrutar ahora , junto a María Luisa, -su amiga y compañera, además de esposa-, de una larga y fecunda jubilación!
No hay comentarios:
Publicar un comentario