
sábado, 16 de enero de 2010
desde Córdoba

Hoy he estado en la Catedral de Córdoba en la Apertura del Proceso de Canonización de un nutrido grupo de personas que fueron asesinadas en la guerra civil española, fundamentalmente por el odio a la religión católica que se vivió en ésos años.
Entre ellas se encuentran dos sacerdotes de mi familia: Juan Lucena Rivas, hermano pequeño de mi abuelo, que era el párroco de Puente Genil y Julián Rivas Rojano, tío de mi abuelo, aunque casi de la misma edad, que era el Párroco de Cabeza del Buey.
Ha sido una sencilla ceremonia, en la que se han comentado brevemente algunos datos biográficos y relativos a sus martirios. Había de todo, varias decenas de sacerdotes, religiosos y seminaristas y tambien seglares, matrimonios, hermanos... de la adoración nocturna, de la acción católica.
Todo el tiempo he tenido en la cabeza la imagen de mi abuelo, Clemente Lucena Rivas. Cuando yo nací hacía 20 años que habían sucedido éstos hechos: siempre ví en el cuarto de estar de su casa las fotos de estos seres queridos y los nombraba con cariño y con alegría. Nunca se refirió a los hechos que rodearon sus muertes. Tanto es así que de pequeña yo pensaba que habían muerto de tifus o de tuberculosis, causas comunes en los años de la postguerra. Nunca le oí una palabra de rencor ni por supuesto, de odio. Contaba anécdotas simpáticas sobre ellos, de como fueron a Roma, los dos, a hacer doctorados en Filosofía (en Etica), de lo bien que cantaban o tocaban la guitarra, ...
Me hubiera gustado tanto que mi abuelo me explicara el secreto de ese Amor que Dios concede a la gente y que le permite amar a todos, incluso a los "enemigos". Que me explicara el secreto del Amor que mantuvo a su madre - mi bisabuela- viva y amando, a pesar de haber tenido que presenciar las mutilaciones y la muerte de su hijo y saber como había sido asesinado su hermano, y que le llevó a negarse a testificar en contra de los verdugos ... por que su hijo los había perdonado.
Siempre supe que estos dos sacerdotes de mi familia habían sido unos buenos hijos de Dios y que desde el cielo velaban por nosotros. El que la Iglesia ahora quiera certificarlo, pues me parece bien. Lo celebraremos!.
En fin, a ver si desde el Cielo, ahora con motivo de este proceso y del Año Sacerdotal que celebramos, se ponen a trabajar en serio, y consiguen que se llenen los Seminarios, por que nos hacen falta muchos buenos Sacerdotes!
domingo, 10 de enero de 2010
Un año nuevo por delante.
Es una buena costumbre ponerse en la vida objetivos, metas, por que tenemos el deber de ser mejores cada día y es bien conocido el aforismo: "quien no avanza, retrocede".
¿Que por qué tenemos el deber de mejorar, de aspirar a la excelencia?.
Pues en principio me viene a la cabeza que por que ésa es la voluntad del que nos ha creado: "amaos los unos a los otros como Yo os he amado" y creo que en otra ocasión dejó dicho algo así como : sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Sin duda hay otras muchas razones para intentar mejorar cada día, para intentar llegar a tener esa "vida lograda" de la que habla el profesor Llano, que sirven tambien para aquellos no creacionistas ni creyentes. A mí me sirve el pensar que hemos sido creados por nuestro Creador "a su imagen y semejanza", y con solo parar a mirarme un poco me doy cuenta de que falta mucho trecho que andar.
Lo cierto es que no todos los humanos tenemos ésa sana costumbre de mirarnos de vez en cuando por dentro, para ver cómo va transcurriendo nuestra vida.
Hay algunos que parece que solo se dedican a ello y tanto tiempo echan en mirarse, que no les queda tiempo para nada ni para nadie.
Otros hay que parece que no hace falta ni que se examinen: constantemente hacen lo que deben y lo hacen bien; si, son unos pocos ejemplares, pero existen y nos dan una sana envidia.
Y luego estamos la muchedumbre de los que no siempre hacemos aquello que debemos y, cuando lo hacemos, no lo hacemos bien.
Por esto, entre otras causas, siempre he defendido que, aparte de la radical igualdad que nos da a todos los seres humanos el ser seres dotados de un alma espiritual, racional, criaturas de Dios, y por ello, de un valor y una dignidad infinita, en todo lo demás somos distintos. No puedo estar de acuerdo con la igualdad que defienden muchas teorías socialistas respecto a éste tema. No me fío del igualitarismo que pretenden imponer en las sociedades humanas en donde gobiernan. Y el decir ésto no toca un ápice de mi defensa de la justicia como pilar intocable, pero no desde el punto de vista de ellos que parece no tener en cuenta la libertad, intocable tambien, de todo ser humano.
Recientemente he leido:
..."Es una lacra intelectual con hondas raíces en la cultura occidental. Pero mientras las sociedades más sólidas cuentan con resistencias claras a esta imposición forzosa del mínimo denominador común, otras más débiles -claramente la nuestra- se revelan inermes ante la ofensiva de este igualitarismo que quiere convertir nuestra sociedad en una inmensa granja de experimentación avícola"... (Hermann Tertsch).
¿Que por qué tenemos el deber de mejorar, de aspirar a la excelencia?.
Pues en principio me viene a la cabeza que por que ésa es la voluntad del que nos ha creado: "amaos los unos a los otros como Yo os he amado" y creo que en otra ocasión dejó dicho algo así como : sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Sin duda hay otras muchas razones para intentar mejorar cada día, para intentar llegar a tener esa "vida lograda" de la que habla el profesor Llano, que sirven tambien para aquellos no creacionistas ni creyentes. A mí me sirve el pensar que hemos sido creados por nuestro Creador "a su imagen y semejanza", y con solo parar a mirarme un poco me doy cuenta de que falta mucho trecho que andar.
Lo cierto es que no todos los humanos tenemos ésa sana costumbre de mirarnos de vez en cuando por dentro, para ver cómo va transcurriendo nuestra vida.
Hay algunos que parece que solo se dedican a ello y tanto tiempo echan en mirarse, que no les queda tiempo para nada ni para nadie.
Otros hay que parece que no hace falta ni que se examinen: constantemente hacen lo que deben y lo hacen bien; si, son unos pocos ejemplares, pero existen y nos dan una sana envidia.
Y luego estamos la muchedumbre de los que no siempre hacemos aquello que debemos y, cuando lo hacemos, no lo hacemos bien.
Por esto, entre otras causas, siempre he defendido que, aparte de la radical igualdad que nos da a todos los seres humanos el ser seres dotados de un alma espiritual, racional, criaturas de Dios, y por ello, de un valor y una dignidad infinita, en todo lo demás somos distintos. No puedo estar de acuerdo con la igualdad que defienden muchas teorías socialistas respecto a éste tema. No me fío del igualitarismo que pretenden imponer en las sociedades humanas en donde gobiernan. Y el decir ésto no toca un ápice de mi defensa de la justicia como pilar intocable, pero no desde el punto de vista de ellos que parece no tener en cuenta la libertad, intocable tambien, de todo ser humano.
Recientemente he leido:
..."Es una lacra intelectual con hondas raíces en la cultura occidental. Pero mientras las sociedades más sólidas cuentan con resistencias claras a esta imposición forzosa del mínimo denominador común, otras más débiles -claramente la nuestra- se revelan inermes ante la ofensiva de este igualitarismo que quiere convertir nuestra sociedad en una inmensa granja de experimentación avícola"... (Hermann Tertsch).
En medicina lo tenemos fácil: no hay enfermedades sino enfermos, y en cada caso tenemos que decidir el tratamiento adecuado, que nunca es igual ni para cada enfermedad ni por supuesto, para cada enfermo. Lo justo, lo adecuado, lo bueno, no es dar a todos la misma aspirina, sino por el contrario, dar a cada cual lo que es bueno para él, que tampoco tiene nada que ver con dar según su mérito o dar según lo que ha aportado a la sociedad, ni otras lindezas por el estilo.
Hoy me he hecho el propósito de profundizar a lo largo de este año en éste tema e iré dando buena cuenta de lo que vaya descubriendo.
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