domingo, 5 de septiembre de 2010

En honor a la Madre Teresa de Calcuta.

Recientemente ha vuelto de GOBA (Etiopía) Fernando, mi 2º hijo, tras estar cerca de un mes trabajando en una casa de las Misioneras de la Caridad.
Su trabajo consistía en ayudar a las Sister, fundamentalmente en la movilización de las personas impedidas a las que asisten, para lo que previamente le dieron un pequeño curso de fisioterapia.
Lo organizaba la Accion Católica de Madrid y partieron de España 16 voluntarios, de los que 8 se quedaron en la capital y otros 8 fueron al sur, a Goba.



Aquí vemos al grupo de Goba. Las Hermanas atienden a hombres (150), mujeres (más o menos igual) niños y niñas. Son personas enfermas física y/o psíquicamente, parálisis cerebrales, sida, mutilados, ciegos, sordomudo-ciegos, psiquiátricos de diversa índole, deficientes intelectuales, ... Tienen la ayuda habitual de buenas gentes de la ciudad y tampoco les faltan voluntarios de todo el mundo por temporadas.
Impresiona la fortaleza de estas mujeres, que están sirviendo a los más pobres de los más miserables con todo el cariño y dedicación que dedicarían a sus propios hijos o padres.

La vida allí es de todo menos fácil o cómoda.
Ellas, enseñan con sus propias vidas, como cuando una persona intenta tratar mucho a Jesús, cuando busca su amistad, no concibe vivir de otra manera que poniéndose al servicio de sus semejantes y especialmente de los mas necesitados. La Beata Teresa de Calcuta ha dejado a sus hermanas como ejemplo para todos de saber amar de verdad.


(Los cuadros, que pretenden tener rasgos etiopes, los hizo mi hijo con unas pinturas acrílicas que encontró por allí, y parece que le gustaron)





Todos somos estrellas de la mañana!

Las frases que siguen, forman parte de un "cuento de navidad" que hizo, hace tiempo, un sacerdote querido por muchos, que ha fallecido el día 3 de septiembre por la noche.
El cuento nos recuerda la responsabilidad que tenemos cada uno de nuestra propia vida, la importancia de vivirla bien. Responsabilidad, soledad... con el consuelo siempre de que hay un padre que nos contempla.
Que le hayan recibido con cariño paternal allá arriba, a donde siempre se dirigió como la estrella de la mañana y que la aurora que intenta abrirse paso tras él de lugar a un precioso día de primavera en este mundo nuestro.

D. Juan Antonio González Lobato:
"Comenzó a salir en ella la estrella de la mañana.
Sola.
Terriblemente sola.
Como si brotara de las cimas lejanas.
Brillante, luminosa, gigantesca. Parecía que alumbraba suavemente la Tierra. Cristalina, pura, virginal.
Terriblemente sola.
Así inició su ascenso por el cielo. Internándose sola, absolutamente sola, en la oscuridad.
Mayestática, insinuante, silenciosa.
Sola.
¡Cómo destacaba su hermosura en la negra y vacía ausencia, amplia y profunda!
En aquella madrugada, cuando en la Tierra todo dormía, el cielo daba una lección a los hombres. Yo tuve la suerte de estar despierto.
Así voy yo por la vida.
Solo. Así vas tú.
Todas las cosas que te hacen compañía forman un cortejo meramente aparente. Por debajo y por encima de esa apariencia, vas solo.
Terriblemente solo. Absolutamente solo.
Tú tendrás muchos amigos que se preocupan por ti, que por ti harían cualquier cosa. Agradéceles mucho que te quieran. Pero en el compromiso de tu vida no pueden reemplazarte. Eres tú el que vives. Es un viaje personal.
Nadie por ti podrá vivir tu vida. Nadie por ti podrá morir tu muerte.
Vas solo.
Como el lucero de la mañana internándose solo en la noche, en aquella noche desierta y despojada de estrellas.
Advierte esta verdad. Haz un esfuerzo por palpar el fondo de esa fingida y bulliciosa compañía que te rodea en la vida. Contempla tu personal y silenciosa soledad.
Siente el consuelo de saber que los ojos de Dios están atentos a tu marcha, como estaban los míos a aquel lucero solitario, como si no tuviera otra cosa que mirar. Ni un afecto del alma, ni un latido del corazón escapa a su atención, mientras viajas solo, absolutamente solo, en ese firmamento siempre inexplorado de tu vida, en esa silenciosa oscuridad sin compañía, y siempre nueva, de tu muerte.
Consuelo y responsabilidad. No le ocultas nada. Sus ojos están atentos, como si no tuvieran más que mirar".