jueves, 27 de agosto de 2009

Hay que ser fuertes para mantener la felicidad: la debilidad genera tristeza

DATOS DEL SEGUNDO TRIMESTRE: "El PIB agrava su caida al 4,2% y el empleo retrocede un 7,1%".

Con estos datos surge con facilidad el pesimismo, cuando no el cabreo: "hemos dejado España en manos de unos menesterosos que nos llevan a la ruina", nos dicen los amigos.

Lo triste es que, quien nos podemos dar el lujo de hacer estos comentarios, solemos ser funcionarios o similares, que vivimos seguros con nuestra nómina, de la maquinaria estatal que conducen con mas o menos acierto los políticos de turno.

Los autónomos, los esforzados empresarios -a los que admiro-, están tan ocupados que no pueden ni siquiera comentar lo que está pasando.

En esta sociedad que se define fundamentalmente como "sociedad consumista buscadora de bienestar" los negativos datos económicos y laborales que se manejan en la actualidad están provocando un ambiente de tristeza y debilidad, tan denso como el olor a tomate que impregna Don Benito en estos días.

Quizás, en otro momento histórico, datos semejantes hubieran provocado un ambiente de revuelta social, caliente, enérgico, creativo. Posiblemente violento. Triste también, pero no de debilidad y laxitud generalizada.

Mantener la felicidad exige la fortaleza de exigirnos cumplir con nuestro deber en cada momento.

Os copio del gran Maimónides:

"Son muchos los que insisten en que la felicidad deriva de obtener determinados bienes o alcanzar ciertas condiciones.

Si se dispone de pan, de vino, de compañía, de ropas finas, de unguento para el cabello, resultaría imposible comprender que alguien no fuera dichoso.
Sin embargo, yo creo que todo eso no proporciona la felicidad aunque, en pocas ocasiones, puede contribuir a aumentarla o adornarla.

Tampoco la dicha deriva del cambio de estado: cuando se promete a la gente que la alcanzará si se convierte en esto o aquello, se alimentan sus ilusiones pero, a la vez, se les conduce por un camino equivocado que no pocas veces desemboca en la amargura y en la frustración.

No, nadie es más feliz por tener esto o convertirse en aquello.

La felicidad deriva más bien de la certeza de estar en el lugar que uno debe, haciendo lo que debe.
Y eso permite que los caminos de la felicidad resulten tan variados y que a la vez, se reduzcan al mismo.

El que sabe que ha de arar la tierra y lo hace, será feliz; el que sabe que ha de guerrear y combate, será feliz; la que sabe que ha de cuidar a su esposo y lo atiende, será feliz.

Esa es una de las razones por las que resulta tan importante que sepamos -nosotros y los demás- lo que debemos hacer en nuestra vida.

Y ése es también el motivo por el que la guía de Aquel que conoce el pasado, domina el presente y ve el porvenir, se convierte en algo tan indispensable".

Me ha parecido de impresionante actualidad. Ahora nos toca "estrujarnos" la imaginación y la creatividad para aportar soluciones, para combatir y cambiar lo que hay que cambiar, mientras que cada uno cumplimos con nuestros pequeños deberes de cada día.

viernes, 21 de agosto de 2009

la fuerza para ejercer nuestra libertad y no caer en la servidumbre


Le copio al Profesor A. LLano:

No hemos asimilado una cultura política en la que el poder se entienda como servicio antes que como disfrute. Los que mandan se aíslan de la sociedad y se rodean sólo de quienes les halagan y les soportan todo. Es congruente entonces que aumente escandalosamente el número de empleados públicos —y de altos cargos— en todos los niveles de la Administración. No conciben el poder como una realidad porosa, abierta a los ciudadanos, sino como un enclave blindado, curvo sobre sí mismo.

Entre nuestros mandatarios, algunos responden más nítidamente a la caricatura del político profesional que se olvida de los ciudadanos y va a la suya. El proceder de los socialistas de los últimos meses es un modelo de conducta autorreferencial, únicamente afanada por los intereses del Gobierno y del partido, y de quienes componen ambas instancias.

Es propio de la ideología socialista creer que la libertad es un producto del poder. La misión histórica del PSOE actual, según ellos mismos, es Pa las españoles de sus ancestrales prejuicios y forzarles de hecho a un comportamiento que esté a la altura de la modernidad ilustrada. Liberación que, claro está, no se refiere a la pobreza o escasez de medios de vida: esos objetivos del socialismo clásico ya están superados.

Ahora nos aplican sistemáticamente una ideología de la desvinculación, en la que se trata de separar al individuo de sus presuntas ataduras familiares y éticas. No nos confundamos: están hablando de liberación, no de libertad; porque creen que la libertad es una ilusión tradicional y conservadora, a la que siguen aferrados los católicos, que pretenden revivir la España tradicional, y los neoliberales, únicos culpables de la crisis económica.

Para poner remedio a los fatales efectos de esta gobernación manipuladora, el único recurso es la libertad humana real y concreta. Contra la liberación ideológica, la libertad vital. A algunos les parece esto un juego de palabras, quizá porque ya están infectados por una pandemia moral, más grave que la nueva gripe. No faltan quienes todavía no han sido absorbidos por la confusión mental, pero hacen las siguientes previsiones: Zapatero volverá a ganar las próximas elecciones generales y continuará la decadencia económica y social hasta que, efectivamente, a España no la conozca ni la madre que la parió.

Quienes seguimos siendo tan optimistas como para no considerar que tal diagnóstico se cumplirá fatalmente, pensamos que la libertad personal y social es la única posibilidad alternativa a la liberación ideológica que nos están imponiendo. Decía Edmund Burke que, “cuando los ciudadanos actúan concertadamente, su libertad es poder”. La libertad no es el producto de una liberación impuesta desde el poder: es más radical y originaria que el propio poder.

El totalitarismo, en cambio, se inspira en la sentencia de Hobbes: “No es la verdad, sino la autoridad, la que hace la ley”. El Leviatán, que hoy amaga por doquier, se pasea a sus anchas por los páramos de España. De ahí que los socialistas mantengan el contrasentido de que la propia objeción de conciencia ha de ser autorizada por quienes tienen la vara de mando. Minorías sordas a las opiniones de la gente fabrican leyes inmorales ante las que es preciso inclinarse devotamente.

Signo y expresión de la libertad ha sido siempre el inconformismo ante el poder injusto. La resignación sumisa, por el contrario, es el camino que nos está acercando a la servidumbre. Y como ni el Gobierno ni la oposición apuestan realmente por la libertad, ahora le toca a la responsabilidad cívica. Pacíficamente, hay que plantarse desde este mismo momento y decir: yo por ahí no sigo.


Pues eso: que nadie intente "liberarme" ni "desvincularme" de aquellas ataduras a las que libremente me he atado y vinculado:
- a mi marido
- a mis hijos
- a mi familia
- a los enfermos
- a mis amigos
- a mi Dios.

domingo, 16 de agosto de 2009

Resistencia al poder político.

Copio del Scriptor:



La ya conocida táctica gubernamental de poner en la agenda pública lo que sea (Bendita crispación), con tal de distraer a la opinión pública y que no aparezcan como tema de conversación las cifras del paro laboral (Los españoles son los europeos más preocupados por perder su puesto de trabajo) o de las personas y empresas en quiebra (Quiebras: aumentan un 173% en un año), ha traído consigo una declaración del Ministro Caamaño, negando la objeción de conciencia a los profesionales de la salud ante el aborto.
La Organización Médica Colegial ya se ha pronunciado ante esta "pulsión totalitaria de un Gobierno empeñado en imponer su proyecto abortista" y ha planteado con claridad la situación profesional: “Objeción de conciencia por las buenas o por las malas".


Por su interés, publico el texto del comunicado de la Asociación para la Defensa de la Objeción de Conciencia (ANDOC):
"Consideramos las declaraciones del Sr. Ministro de Justicia sobre el derecho a la objeción de conciencia de los médicos respecto al aborto, como sectarias, imprudentes y reveladoras de un desprecio manifiesto a la jurisprudencia constitucional que considera la objeción de conciencia al aborto como un derecho de los médicos y demás profesionales de la Sanidad."
Para la inmensa mayoría de los médicos, el rechazo al aborto no se apoya en principios morales, sino en la convicción de que supone acabar con una vida humana.



El derecho a la objeción de conciencia está reconocido por la práctica totalidad de las leyes nacionales de los países democráticos en que el aborto está despenalizado o legalizado. Por tanto, la puesta en práctica de una política como la defendida por el Sr. Caamaño colocaría a España entre los pocos países que, desde el poder, coartan la libertad de conciencia de sus ciudadanos.


Buena manera de empezar un blog en el que quiero hablar de "fuerza".

Siempre me he considerado fuerte, para vivir, para buscar la verdad y lo justo.


Fuerza: capacidad moral para resistir un sufrimiento o para realizar algo.


Ahora toca resistir al Caamaño y compañía.