
Leo hoy en el Scriptor un comentario sobre el declive de los intelectuales en la sociedad actual.
Se comenta que el intelectual es como una especie en camino de extinción, mas o menos como el lince ibérico y se aduce como causa, que ha desaparecido el interés por descubrir la verdad.
Creo que las causas de su extinción son más complejas: también hay que contemplar el deseo de los poderes fácticos - políticos - actuales de gobernar a una masa facilmente manipulable, y el hecho de que han conseguido que el "alma mater" de los intelectuales, la institución universitaria, se haya degradado, pasando de ser su entorno natural a una especie de fábrica de títulos, de todo menos de profesiones intelectuales.
Pienso que, aunque todo ser humano posee una inteligencia racional, no todos tienen que ser necesariamente "intelectuales". El "intelectual" es una persona que tiene una especial necesidad de conocer, de aprender, de buscar la verdad de la realidad.
No tengo muy claro si es un adjetivo positivo o negativo.
Lo cierto es que para ser feliz, o dicho de otra manera, para poder hacer la voluntad de Dios en nuestra vida, no es un requisito "sine qua non" el ser intelectual. Muchas veces vemos, que en la práctica, parecen ser más facilmente felices las personas que no son intelectuales, por que la persona verdaderamente feliz es sobre todo aquella que se aplica en la vida a buscar el bien de los demás y no el suyo propio, sea o no intelectual.
Puede ser que sea verdad éso de que "es necesario que existan los intelectuales" ya que como ellos son los que "aman" especialmente la verdad, y ése amor es el que hace crecer el conocimiento , son realmente el motor del progreso científico.
Sin duda, el buen intelectual, ayudará a sus congéneres a entender mejor el mundo en que habitamos.
A la vez, hoy, el Papa, comentaba en San Pedro la floreciente teologia latina escolástica del siglo XII que se desarrolló tanto en los monasterios, como en las escuelas urbanas. En los monasterios la teología era "meditación, oración y canto de alabanza" y en las escuelas urbanas ésta ciencia teológica se apuntaba a "presentar la unidad y la armonía de la Revelación cristiana con un método que ofreciera confianza a la razón humana". Por que efectivamente este hecho "nos recuerda que entre fe y razón existe una natural amistad ... y vibran de gozo cuando las dos están animadas por la busqueda de la verdad".
El Papa habla de lo que tiene una gran experiencia, puesto que él , como su predecesor, Juan Pablo I, son un ejemplo patente del bien que puede hacer a la humanidad un intelectual.
Hoy se hace necesario, que en la Medicina y en todas las profesiones, un grupo de buenos intelectuales, nos ayuden a todos a descubrir la verdad de nuestro ser, el por qué y para qué de cada actividad humana, y el modo de realizar nuestras funciones para que sean un excelente servicio a toda la humanidad.



Hay distintas formas de vivir, que muchas veces estás marcadas por el temperamento de cada uno, pero también por las circunstancias del momento en que vivimos.

