Los gobernantes actuales de España parecen empeñados en no dejar de sorprendernos, con propuestas legislativas cada vez más insólitas (pero desgraciadamente, siempre en su misma línea de "acoso y derribo del bien común").
No es la primera vez que ésto sucede en la historia de las democracias: hace pocos días felicitábamos a Berlín. En Alemania aprendieron a base de golpes, a donde llevan las legislaciones injustas. Y tambien saben mucho de qué sucede cuando la sociedad civil no reacciona.
Yo también vivo en mis carnes la tentación de dejar que la vida "siga su curso", sin hacer otra cosa que procurar cumplir mis deberes ordinarios - que ya es bastante-. Por éso, siempre he tenido frente a mis ojos la objección de conciencia: nadie en el mundo podrá -me he dicho mil veces- obligarme , como médico, a hacer un aborto o a tomar parte en una eutanasia.
Pero hoy me doy cuenta de que quizás, este planteamiento personal no sea suficiente.
Recordemos a Martin Luther King, a Gandhi: en unos momentos determinados de la historia, movieron a sus coetáneos a plantar cara a quienes amparados por el poder democrático, mantenían situaciones injustas. Y es que, la democracia, como todo lo humano, también puede tener sus defectos y sus imperfecciones: lo vemos con más frecuencia de lo que nos gustaría.
A diferencia de la objeccion de conciencia, que constituye una respuesta personal, la desobediencia civil exige que sea adoptada libremente por una colectividad de personas: no hay nada más genuinamente democrático.
Estoy convencida de que hay hoy en España, una gran cantidad de personas que advertimos estas injusticias y que no estamos dispuestos a tolerarlas.
Como dice Alejandro Llano: Podemos desobedecer pacíficamente la aplicación de éstas leyes.
Aún no sé muy bien cómo se podrá hacer ésto. AGRADECERIA VUESTRAS PROPUESTAS. Y yo trataré de estrujarme las neuronas.
La perturbación pública que esto pudiera llevar consigo sería menos dañina para la democracia, para el bien común, que el abuso de imponer a la sociedad civil unas prácticas intolerables.