DATOS DEL SEGUNDO TRIMESTRE: "El PIB agrava su caida al 4,2% y el empleo retrocede un 7,1%".
Con estos datos surge con facilidad el pesimismo, cuando no el cabreo: "hemos dejado España en manos de unos menesterosos que nos llevan a la ruina", nos dicen los amigos.
Lo triste es que, quien nos podemos dar el lujo de hacer estos comentarios, solemos ser funcionarios o similares, que vivimos seguros con nuestra nómina, de la maquinaria estatal que conducen con mas o menos acierto los políticos de turno.
Los autónomos, los esforzados empresarios -a los que admiro-, están tan ocupados que no pueden ni siquiera comentar lo que está pasando.
En esta sociedad que se define fundamentalmente como "sociedad consumista buscadora de bienestar" los negativos datos económicos y laborales que se manejan en la actualidad están provocando un ambiente de tristeza y debilidad, tan denso como el olor a tomate que impregna Don Benito en estos días.
Quizás, en otro momento histórico, datos semejantes hubieran provocado un ambiente de revuelta social, caliente, enérgico, creativo. Posiblemente violento. Triste también, pero no de debilidad y laxitud generalizada.
Mantener la felicidad exige la fortaleza de exigirnos cumplir con nuestro deber en cada momento.
Os copio del gran Maimónides:
"Son muchos los que insisten en que la felicidad deriva de obtener determinados bienes o alcanzar ciertas condiciones.
Si se dispone de pan, de vino, de compañía, de ropas finas, de unguento para el cabello, resultaría imposible comprender que alguien no fuera dichoso.
Sin embargo, yo creo que todo eso no proporciona la felicidad aunque, en pocas ocasiones, puede contribuir a aumentarla o adornarla.
Tampoco la dicha deriva del cambio de estado: cuando se promete a la gente que la alcanzará si se convierte en esto o aquello, se alimentan sus ilusiones pero, a la vez, se les conduce por un camino equivocado que no pocas veces desemboca en la amargura y en la frustración.
No, nadie es más feliz por tener esto o convertirse en aquello.
La felicidad deriva más bien de la certeza de estar en el lugar que uno debe, haciendo lo que debe.
Y eso permite que los caminos de la felicidad resulten tan variados y que a la vez, se reduzcan al mismo.
El que sabe que ha de arar la tierra y lo hace, será feliz; el que sabe que ha de guerrear y combate, será feliz; la que sabe que ha de cuidar a su esposo y lo atiende, será feliz.
Esa es una de las razones por las que resulta tan importante que sepamos -nosotros y los demás- lo que debemos hacer en nuestra vida.
Y ése es también el motivo por el que la guía de Aquel que conoce el pasado, domina el presente y ve el porvenir, se convierte en algo tan indispensable".
Me ha parecido de impresionante actualidad. Ahora nos toca "estrujarnos" la imaginación y la creatividad para aportar soluciones, para combatir y cambiar lo que hay que cambiar, mientras que cada uno cumplimos con nuestros pequeños deberes de cada día.
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1 comentario:
Un día leí en un libro que la tristeza no es más que pereza, ese dejarse llevar, arrastrar sin plantarle cara a las cosas, al tiempo, a la vida. Me sorprendió, pero luego entendí perfectamente que eran lo mismo. Hoy tu entrada me lo ha recordado.
Hemos de entender que la felicidad no es algo que se compra, algo que se encuentra sorpresivamente... es algo que se trabaja paso a paso todos los días. La felicidad no es más que una actitud, una actitud de no pereza ante las cosas, ante lo que vivimos; la felicidad como esfuerzo, un pequeño esfuerzo de cada día, constante... siempre constante... y luego ya sí... nos sorprende en segundos, como en pequeñas dosis. Ahí si muestra su lado sorpresivo y sorprendente. Ese aparecer en cualquier motivo, por pequeño que sea...
Saludos.
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