domingo, 5 de septiembre de 2010

Todos somos estrellas de la mañana!

Las frases que siguen, forman parte de un "cuento de navidad" que hizo, hace tiempo, un sacerdote querido por muchos, que ha fallecido el día 3 de septiembre por la noche.
El cuento nos recuerda la responsabilidad que tenemos cada uno de nuestra propia vida, la importancia de vivirla bien. Responsabilidad, soledad... con el consuelo siempre de que hay un padre que nos contempla.
Que le hayan recibido con cariño paternal allá arriba, a donde siempre se dirigió como la estrella de la mañana y que la aurora que intenta abrirse paso tras él de lugar a un precioso día de primavera en este mundo nuestro.

D. Juan Antonio González Lobato:
"Comenzó a salir en ella la estrella de la mañana.
Sola.
Terriblemente sola.
Como si brotara de las cimas lejanas.
Brillante, luminosa, gigantesca. Parecía que alumbraba suavemente la Tierra. Cristalina, pura, virginal.
Terriblemente sola.
Así inició su ascenso por el cielo. Internándose sola, absolutamente sola, en la oscuridad.
Mayestática, insinuante, silenciosa.
Sola.
¡Cómo destacaba su hermosura en la negra y vacía ausencia, amplia y profunda!
En aquella madrugada, cuando en la Tierra todo dormía, el cielo daba una lección a los hombres. Yo tuve la suerte de estar despierto.
Así voy yo por la vida.
Solo. Así vas tú.
Todas las cosas que te hacen compañía forman un cortejo meramente aparente. Por debajo y por encima de esa apariencia, vas solo.
Terriblemente solo. Absolutamente solo.
Tú tendrás muchos amigos que se preocupan por ti, que por ti harían cualquier cosa. Agradéceles mucho que te quieran. Pero en el compromiso de tu vida no pueden reemplazarte. Eres tú el que vives. Es un viaje personal.
Nadie por ti podrá vivir tu vida. Nadie por ti podrá morir tu muerte.
Vas solo.
Como el lucero de la mañana internándose solo en la noche, en aquella noche desierta y despojada de estrellas.
Advierte esta verdad. Haz un esfuerzo por palpar el fondo de esa fingida y bulliciosa compañía que te rodea en la vida. Contempla tu personal y silenciosa soledad.
Siente el consuelo de saber que los ojos de Dios están atentos a tu marcha, como estaban los míos a aquel lucero solitario, como si no tuviera otra cosa que mirar. Ni un afecto del alma, ni un latido del corazón escapa a su atención, mientras viajas solo, absolutamente solo, en ese firmamento siempre inexplorado de tu vida, en esa silenciosa oscuridad sin compañía, y siempre nueva, de tu muerte.
Consuelo y responsabilidad. No le ocultas nada. Sus ojos están atentos, como si no tuvieran más que mirar".

1 comentario:

paloma dijo...

Querida Esther:
Antes que nada quiero saludarte.
Mil gracias por lo que has compartido de Mosén Lobato, no sabía que había fallecido, pero seguro tenemos un nuevo intercesor en el Cielo.

Un beso y un fuerte abrazo a tu hermosa familia con mucho cariño.

Paloma