Hace 20 años, acababa de venir al mundo mi primer hijo y en el barullo de alegrías que recuerda mi cabeza, brillan las imágenes y suenan las palabras de los presentadores de los telediarios relatando como desaparecía el Muro de Berlín. Entonces no me paré a profundizar en significados ni en buscar sus causas y sus consecuencias: tenía por delante 8 horas laborales solo en dar el pecho y cambiar pañales, otras tantas en las tareas del hogar y era una primeriza en todo lo que supone llevar adelante una familia.Hoy sigo siendo primeriza: la vida siempre trae situaciones nuevas, que tienes que afrontar sin experiencias previas.
Los alemanes entonces, sus dirigentes, y los dirigente políticos que impulsaron éstos cambios, sabían que lo que estaban decidiendo era bueno para todos, aunque también conocían las dificultades a las que se enfrentaban.
Es cierto que, al parecer, la mayoría de la población de la Europa Oriental no se lo esperaba y lo recibió como un regalo de la Providencia. Pero, pasada la euforia de los primeros años, con el cambio de régimen social, con la liberación de la economía, se han empobrecido grandes parcelas de la sociedad y sufren no solo los problemas derivados de tantos años de régimen comunista y falta de democracia, sino también los propios de la sociedad occidental actual: crisis económica, paro laboral, corrupción de los políticos.
Todo lo que vale, cuesta, decía un refrán antiguo.
La libertad vale tanto, que llevar sus consecuencias con honradez, cuesta un montón. De éso se trata, de procurar siempre decidir libremente lo mejor. Y no es facil.
Leo hoy que la CCEE (creo que la comisión permanente de las conferencias episcopales europeas) ha creado un órgano específico para ayudar en la resolución de éstos problemas sociales, con el nombre de "Caritas in veritate". 

Mi marido y yo tambien tenemos una "comisión permanente" en la que procuramos buscar solución a todos los avatares, conflictos, problemas, y situaciones inesperadas que trae la vida.
Libremente decidimos una día formar una familia. Y ya vamos sabiendo lo que cuesta sacarla adelante. Que nunca nos falte a nosotros ni la Caridad ni la Verdad. Para éso tenemos la gracia del Sacramento que recibimos un día en ése querido Monasterio de la Virgen de Guadalupe.

2 comentarios:
En esas fechas entre hospitales y enfermos me encontraba.
A Traves de las distintas películas estábamos un poco enterados
de la cruel realidad de
ese pueblo marginado a no poder hacer un canto a la libertad.
Creo que todas las personas vieron con alegría como se derrumbaba
el muro ese muro de pena lamentaciones que costo muchas vidas.
De verdad Esther, mientras más te leo más me gusta.
Te encomiendo de todo corazón a nuestra Guadalupana.
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